Tal y como ha ocurrido en otros ámbitos, la popularización de Internet y el crecimiento de las redes sociales ha llevado aparejado, además de múltiples beneficios, la aparición de conductas tradicionalmente relegadas a ámbitos más específicos. Nos estamos refiriendo, entre otros, a las manifestaciones de odio a través de estas comunidades virtuales que incluso han llegado a utilizarse como plataformas reclutamiento para grupos terroristas y similares.

Un contexto en el que no podemos dejar de hablar de Twitter cuyas iniciativas han resultado fundamentales a la hora de lidiar con el DAESH, un grupo de delincuentes armados hasta las teclas. Una lucha que asegura hacer extensible a otra clase de radicalismos pero que, sin embargo y según un nuevo estudio, se encuentra lejos de ser ecuánime.

La situación: iniciativas conocidas

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Para comprender el documento, sin embargo y antes de entrar en mayores vicisitudes, resulta imprescindible conocer el contexto en el que se ha publicado. Así, inicialmente Twitter se posicionó como una de las redes preferidas por el mal autodenominado Estado Islámico. Una situación con la que decidió acabar –inicialmente- eliminando hasta 125 mil perfiles relacionados con el terrorismo, la mayoría de ellos vinculados con el ISIS. Hace unos meses no se salvaron de la criba otras 235.000 cuentas.

La compañía actualmente también cuenta con un algoritmo capaz de detectar los contenidos que incitan al odio y a la violencia. Unas medidas que, en definitiva, empezaron a pasarle factura al citado grupo pero de cuyos resultados respecto de otros extremismos no trascendieron.

 

 

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