Vivimos una época en la que las expectativas previas son difíciles de controlar. Hace unos años la mayoría del público se enteraba de futuros lanzamientos de productos apenas con unos meses de antelación. Ahora la maquinaria de marketing de las empresas se pone en marcha con incluso años de antelación. Y en ocasiones puede que acabe haciendo más daño que bien.

Recientemente hemos tenido un muy buen ejemplo en el mundo de los videojuegos con No Man’s Sky, un juego que tras dos años de espera había creado una burbuja demasiado grande. Al final, sin ser un mal juego, ha acabado siendo claramente demasiado mantel para tan poca comida. Y el mundo de la tecnología y los smartphones no está libre de este efecto.

En nuestro ámbito, el de la tecnología del día a día, debemos sumar el hecho de que normalmente conocemos de antemano el calendario de lanzamientos de los fabricantes de una forma bastante exacta. Podemos apostar sin miedo a equivocarnos a que, por ejemplo, de aquí a un año se lanzará el Note 8 (¿o Samsung saltará al 9?). Así que tenemos todo un año para dejar volar la imaginación.

Y la imaginación vuela, tanto que en ocasiones el “hype” que genera el lanzamiento de un móvil supera por completo la realidad. A todos se nos viene a la cabeza algún que otro ejemplo que cumple a rajatabla esta triste realidad, y no solamente en los móviles.

El hype en los móviles

Los Nexus 4 y Nexus 5 fueron dos terminales que enamoraron gracias a sus notables características a un precio muy ajustado. Es cierto que flaqueaban en la batería y en la cámara, pero su rendimiento global era magnífico. A eso se junto que Motorola se ganó un gran respeto por los terminales que lanzó bajo el ala de Google. Pero cuando el Nexus 6 se desveló, su elevado precio decepcionó. No era un mal teléfono, pero es cierto que trataba de jugar en la liga de los buques insignia y se quedaba algo corto.

El LG G5 es otra víctima de su propio marketing. De nuevo, es un buen teléfono, pero cuando la gente piensa en teléfonos modulares piensa en project Ara, y la primera sensación para muchos fue que para ser el primer teléfono modular, el G5 igual era muy poco modular y dejó una sensación agridulce. Sin embargo, es el teléfono modular que tenemos, mientras que project Ara ha sido cancelado después de acumular retrasos. Lenovo imitará con su Moto Z este modelo, por lo que quizá, con el tiempo, se de a LG el mérito que merece.

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Pero las aplicaciones también generan hype

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Google+ aterrizó en el mundo como el Facebook Killer, la red social que tenía que dominar una era post-zuckerberg. O como mínimo plantearle competencia. Al final no logró ni una cosa ni otra. Aunque se trata de un buen producto que ha tenido un cierto éxito en determinados nichos, se ha quedado muy lejos de sus objetivos y ha caído en el olvido del gran público.

“El Whatsapp de las llamadas”. Viber prometía hacernos olvidar para siempre el teléfono con llamadas gratuitas a través de Internet, igual que Whatsapp había borrado del mapa a los SMS. Sin embargo, Viber no alcanzó el éxito que podía haber tenido, en gran medida porque las operadoras se lo vieron venir y mejoraron las tarifas, de forma que ya no tenía tanto sentido recurrir a algo así.

Las tecnologías que van a cambiarlo todo… y que luego no cambian nada

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Probablemente sea el terreno en el que sea más fácil hypearse. Un concepto anunciado con años de antelación puede prometer cambiar el mundo para siempre, ser el mayor invento desde el fuego y finalmente llegar de forma muy limitada o no llegar a nuestras manos en absoluto.

El ejemplo más claro es el de Google Glass. ¡Te permitían ver como Terminator! Y sin embargo, años después, su puesta a la venta de cara al público general no parece que vaya a convertirse en realidad pronto. No es el único ejemplo. La carga inalámbrica también parecía que iba a cambiar la forma en la que cargaríamos nuestros smartphones, y sin embargo estaréis de acuerdo conmigo en que es realmente la carga rápida la que le está ganando la partida.

 

Cuando quieres cambiarlo todo, y al final no cambias nada

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Hace cinco años, con el boom de Avatar, parecía que el 3D iba a ser la nueva tendencia dominante, e incluso se lanzaron teléfonos con pantallas 3D como el LG Optimus 3D o el Fire Phone de Amazon. Hoy son pocos siquiera los terminales que incluyen cámaras 3D.

El último ha sido, en parte, los teléfonos modulares. Tras años soñando con poder crearnos el móvil a nuestra medida y poder cambiarlo si no nos gustaba algo, la cancelación de project Ara de Google ha sido un duro golpe. No son los únicos que trabajaban en algo así, pero sí eran los que más posibilidades parecían tener de lograrlo. Y se ha ido a limbo de las tecnologías que nos hubiera gustado tener.

Las altas expectativas, la tumba de muchos buenos productos

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Los seres humanos somos criaturas ávidas de novedades, y en los últimos años nos hemos acostumbrado a un auténtico torrente de nuevas tecnologías, desde Internet a los teléfonos móviles que llamaban y enviaban mensajes a los pequeños ordenadores que llevamos en el bolsillo. Así, no es de extrañar que cada vez que hay algo nuevo nos vengamos arriba.

¿El problema? Que la realidad pocas veces puede competir con la fantasía. Especialmente si nos hemos pasado meses o años esperando la llegada de un producto, y fantaseando con él. Es posible que si no hubiéramos estado años viendo los avances de Project Ara -finalmente infructuosos-, y si no hubiéramos pasado tanto tiempo imaginando que los teléfonos modulares serían una revolución, el LG G5 nos hubiera parecido la pera en bicicleta.

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